Los veintiocho relatos que componen Crónicas de lo ordinario pueden repasarse como si se trataran de los apuntes de un diario personal, de una íntima bitácora llevada durante dos años y que el autor fue escribiendo con la nostalgia por delante. Asimismo, rinde tributo a personajes, lugares y episodios de la vida cotidiana que influyeron en el carácter de lo que en la actualidad llamamos el Yucatán contemporáneo y, a su vez, determinaron la sensibilidad que posee ahora el escritor.